Ciprés común

(Cupressus sempervirens)
El nombre castellano procede el vocablo latino “cupressus” agregándole muchas veces un calificativo que alude a ser el ciprés más extendido. El origen de este vocablo no está claro; algunos dicen que es el nombre mitológico de una joven amada por Apolo a quien transformó en ciprés; otros dicen que procede de la palabra griega “Kyparissos” que significa ciprés, y este a su vez de “kuo” (producir), y “parissos” (parecido), haciendo referencia a la simetría de las ramas de los cipreses; y otros indican que procede de “kupros” (Chipre), por la abundancia de cipreses en esta isla mediterránea.
Árbol muy rústico para todo tipo de suelos. Resistente a la contaminación y a la sombra. Exigente en humedad. Se adapta muy bien a la poda, por lo que se utiliza para la formación de setos. Árbol muy longevo, puede vivir más de 500 años. Madera muy aromática, resistente y fácil de trabajar, casi imputrescible. Los frutos tienen mucho tanino por lo que se utiliza en medicina como vasoconstrictor.
El ciprés común se ha difundido mucho como especie ornamentar, principalmente por su forma columnar, pudiendo plantarse sólo o en grupos o golpes, adosado a muros o edificios y, a veces en plantación lineal, continua o espaciada. También está muy difundido su empleo en setos de diferentes alturas para proteger del viento e incluso del ruido.
La tradición más extendida es la que hace referencia a su utilización como símbolo funerario. Se dice que los largos fustes verde-sombríos de los cipreses permanecen siempre verdes, siempre vivos y por ellos las almas de los muertos pueden elevarse hacia el cielo. Según Teofrasto, este árbol estaba consagrado al dios de los muertos, porque la raíz no da jamás nuevos brotes cuando se corta el tallo. Horacio comenta que los antiguos encerraban en las tumbas de sus muertos una rama de ciprés y envolvían el cuerpo con sus hojas. Plinio cuenta que el ciprés colgado en las puertas de las casas era un signo fúnebre. En cambio en algunas regiones es símbolo de hospitalidad. Los griegos lo consideraban no sólo como un símbolo funerario sino también como un símbolo de la belleza femenina.
Es muy abundante en el parque y con buenos ejemplares.
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